Nuevo Cine Coreano :
Enviado por ccforum el 28/8/2008 14:20:00

A estas alturas resulta innegable que el cine oriental ha invadido las pantallas de medio mundo consiguiendo éxito de público y critica a partes iguales. Sin embargo de entre las excelencias ofrecidas por la cinematografía oriental en su conjunto llama especialmente la atención el caso surcoreano, país hasta hace poco sumido en graves crisis políticas y económicas, y condenado a ver las pocas películas que exportaba relegadas a unas mínimas exhibiciones en los circuitos cinematográficos internacionales pero que, sorprendentemente, ha conseguido convertirse en el increible plazo de 8 años en referente mundial del mejor cine.

Sin duda para comprender mejor este fenómeno es necesario retroceder en el tiempo y analizar cuáles han sido las claves históricas que han permitido el milagro, y es que, pese a que la democratización de Corea del Sur no empezó a consolidarse hasta el año 1997, ésta realmente empezó a gestarse en octubre de 1979 con el asesinato del por entonces dictador Park Chung-hee y la posterior masacre de Gwangju en mayo de 1980, a la que siguó el restablecimiento de la ley marcial por parte del nuevo presidente, el general Chun Doo-hwan.
Estos hechos propiciaron que durante la década de los 80 se desarrollase en el país coreano una intensa actividad socio-política en la que amplios sectores de la sociedad coreana pedía a gritos la democratización del país. Abanderados de dicho movimiento fueron un grupo de cineastas que por entonces empezaron a desarrollar una producción independiente y abiertamente política que les valió ser perseguidos por el régimen de la época.
Tras unos años convulsos se iniciaría un intenso proceso de transición democrática en 1987, sin embargo no será hasta 1997,momento en el que Corea del Sur se encontraba sumida en una grave crisis económica, cuando, el 18 de diciembre, Kim Dae-jung, lider del Partido Democrático del Milenio, gana las elecciones presidenciales. El mandato de Kim Dae-jung hará gala de tantas luces como sombras sin embargo en 1999 lograría la reactivación económica del país logrando contener la recesión y preparando al país para un nuevo despegue al filo del nuevo milenio.
Su política aperturista y el acercamiento a Corea del norte por el que se le condedió el Nobel de la Paz hicieron que el mandato del presidente Kim Dae-jung se cerrase con un balance positivo a pesar de los múltiples escándalos políticos con los que se vió teñido. Kim Dae-jung fue sucedido por su mano derecha, Roh Moo-hyun, elegido nuevo presidente en el año 2002. El mandato de Roh Moo-hyun no podía empezar con mejores expectativas gracias al fortalecimiento de la economía nacional y la consolidación de la democracia lograda en el mandato anterior.
Obviamente el mundo del cine no ha sido ajeno a esta evolución la cual ha condicionado sobremanera a lo largo de la historia el desarrollo del cine surcoreano el cual ha sido fiel reflejo de todos estos acontecimientos...                                                      
Centrándonos en el cine, podemos situar la llegada del mismo a Corea del sur en torno al año 1903, numerosos documentos atestiguan una activa industria que produjo cerca de 160 filmes hasta 1945. Desgraciadamente la mayoría de estos trabajos fueron destruídos a lo largo de la Guerra de Corea sin que llegase a sobrevivir íntegramente ni un solo largo de la época. Para encontrar el primer filme coreano debemos remontarnos al año 1919 en el que se estrenó en el Teatro Dansongsa de Seúl The Righteous Revenge, un kinodrama en el cual los actores actuaban delante de un fondo sobre el que se proyectaba un filme. El éxito del espectaculo fue incuestionable pero pronto se alzaron voces que criticaban la mezcla de artes llevada a cabo en dicho espectaculo.
En 1926 se estrenó una de las obras maestras de estos primeros años bajo el título de Arirang (1926) de Na Un-Kyu en la que se relataba la historia de un hombre que es arrestado y torturado por la policía japonesa. El filme pronto se convirtió en referencia para una nueva ola de cineastas que veían en el movimiento realista el ámbito idóneo en el que desarrollar su obra al tiempo que manifestaban su resistencia al poder japonés que por entonces oprimía al pueblo coreano. Como contrapartida el gobierno japonés requería que todas las producciones extranjeras y locales fueran sometidas a la consideración de un comité de censura antes de ser exhibidas. A pesar de que unos pocos trabajos exaltadores del nacionalismo coreano llegaron al público a finales de los años veinte, desde 1930 la censura se hizo más estricta, hasta tal punto que solo los melodramas, filmes históricos y las producciones pro-japonesas alcanzaban la aprobación del gobierno. Muchas producciones fueron prohibidas y además destruidos los originales.
      

En 1935, Lee Muyng-woo dirigiría Ch\'unhyang-jun, primera película sonora basada en un popular cuento folclórico coreano. Dos años más tarde la invasión de Japón a China propició que la industria cinematográfica coreana se terminase transformada en un arma propagandistica del gobierno nipon, proceso culminando finalmente en 1942 con la prohibición por parte del gobierno japonés de exhibición de las películas habladas en coreano.

Tras la II Guerra Mundial, la retirada de Japón, y hasta el final de la Guerra de Corea la actividad cinematográfica en Corea del sur resulta mínima, sufriendo una de sus épocas más criticas llegando incluso a destruirse gran parte del equipamento y de la que solo han sobrevivido 5 títulos siendo el más importante Hooray for Freedom , de Choi Un-gyu (1946) en el que se desarrollaba un fuerte sentimiento anti-japonés.
Una vez finalizada la guerra entre las dos Coreas se llevaron a cabo profundos esfuerzos para revivir la industria cinematográfica coreana apoyados fundamentalmente en proyectos de ayuda extranjera. Fuere como fuese esto dará lugar a una sorprendente recuperación que llevará al país coreano a vivir una de sus época de máximo esplendor en lo que a cine se refiere. No obstante, la recuperación no sería fácil y el resto de la década de los 50 se convertirá en una época de transito y de recuperación culminada a principios de los 60 con la llegada de un buen número de nuevos talentos. Nombres como Kim Ki-young autor de la célebre The Housemaid (1960) o Yu Jun-mok, autor de Obaltan han quedado ya para la historia como precursores del mejor cine surcoreano.
Una caso singular es el del realizador Shin Sang-ok, tal vez el más controvertido de los cineastas coreanos, director The Houseguest and My Mother (1961), contada a través de los ojos de una niña,  retrata las dificultades de una joven viuda que se enamora de su inquilino, pero no puede expresar sus sentimientos por un represivo código social. El fime, rodado en blanco y negro, se ha convertido en uno de los clásicos indiscutibles del cine coreano. Más tarde, Shin trabajó con el color y en tonos más sensuales con The Dream (1967), basada en un antiguo cuento sobre un libidinoso monje budista, y también con una obra maestra ambientada en la dinastía Chosun titulada Eunuch (1968). En 1978, después de haber realizado unas ochenta películas en su país, fue secuestrado misteriosamente y llevado a Corea del Norte, donde trabajó durante ocho años, para luego asentarse en Hollywood, donde produjo The Three Ninjas y sus secuelas con el nombre de Simon Sheen.

La década de los 70, marcada por la llegada de la televisión y el aumento de la censura por parte del gobierno, supuso un nuevo traspies a la evolución del cine coreano del que practicamente no pudo empezar a recuperarse hasta comienzos de los años 80 en los que el descenso de la censura, la llegada de nuevos valores y la apertura del cine surcoreano a nuevos mercados constituyeron un nuevo punto de inflexión a pesar de que el público coreano seguía sin acudir de forma habitual a ver la producciones locales, o lo que es lo mismo, artísticamente los cineastas coreanos empezaban a ver la luz pero el público seguía dandoles la espalda. Por si esto fuera poco, en 1988 las restricciones de importación a filmes extranjeros fue retirada. Hasta este momento, la proyección de filmes norteamericanos o de Hong Kong estaba estrictamente controlada por el gobierno. En los próximos años, las producciones locales deberían competir con Hollywood, y por lo tanto se perdería gradualmente su grado de ocupación del mercado local, tendencia que alcanzó su punto más bajo en 1993, cuando los filmes coreanos conquistaron solamente el 13 por ciento de la asistencia global a las salas del país. La introducción del sistema de cuotas, mediante el cual todas las salas estaban obligadas a exhibir películas nacionales durante por lo menos 106 días del año, elevó las recaudaciones, pero no sería hasta finales de los años noventa que la industria comenzó a mostrar síntomas de recuperación. Sin duda alguna deberíamos destacar como autor más representativo de esta época al veterano Im Kwon-taek que en la actualidad sigue firmando trabajos notables.

Con la llegada de los 90 Samsung se transformó en el más poderoso conglomerado empresarial de la industria fílmica. En poco tiempo éste y otros conglomerados transformarían la estructura industrial introduciendo una línea central donde se integraban la producción, la exhibición y la distribución. Aunque no todos estos conglomerados han continuado invirtiendo en el cine local, su presencia tuvo un efecto definitivo en el tono y la sustancia de las obras producidas en esta década. La industria coreana empieza a entonces a mostrar signos de auténtico cambio: los directores abrazaron nuevos géneros combinando obras eminentemente comerciales con títulos de autor, los medios y la calidad de los filmes aumenta, y el público coreano vuelve a confiar en las producciones locales.
La apertura democrática, la aparición de inversores privados, la financiación a través de internet, la creación de una estructura integrada de producción, distribución y exhibición unido a la actividad formativa de la Korean Academy of Films Arts han propiciado el milagro en una industria que parecía condenada al ostracismo convirtiéndola en una de las más punteras del panorama mundial. Títulos como Joint Security Area, My sassy girl, Friend, Oldboy se han convertido en autenticos taquillazos capaces de hacer sombra a cualquier título llegado de Hollywood, y es que las cosas han cambiado y ahora es el público coreano el que exige en primer lugar títulos de producción nacional. Obviamente en la mayor parte de los títulos surcoreanos se aprecia una fuerte influencia del cine norteamericano pero posiblemente en este punto resida una de las claves del éxito de estas películas pues esta influencia se encuentra profundamente nacionalizada por parte de los realizadores coreanos otorgando a sus films un tono totalmente ajeno al que ofrecen los directores del Hollywood. Tanto es así que Corea del Sur es el único país en el que a los ejecutivos de Hollywood les preocupa estrenar sus películas por no poder competir con la producción local. Los ejecutivos americanos saben que el público irá a ver las películas coreanas y no las demás, por tanto no vale la pena hacer coincidir el estreno de una película americana al mismo tiempo que una coreana, cosa por otro lado impensable en cualquier otro país del mundo hoy en día. 

La evolución del cine coreano ha sido larga y llena de obstáculos y en la mayor parte de los casos desconocida para el espectador occidental el cual, en su gran mayoria, no ha tenido conciencia real del fenómeno hasta el estreno de Memories of murder (Bong Joon-ho, 2003) e incluso muchos otros hasta tiempo más tarde con el éxito mundial de la cinta de Park Chan-wook, Oldboy; sin embargo lo que parecía un hecho asilado para la mayoría de los espectadores no es más que la punta de un fenómeno que todavía tiene que mostrar lo mejor de sí mismo mientras que industrias como la norteamericana o la europea se encuentran en una situación de crisis creativa lo que favorece el interés por nuevas cinematografías como la coreana por parte de los espectadores.
Al hablar del cine coreano hay que distinguir dos vías. Por un lado aquella trazada por un número de directores acostumbrados a moverse en festivales internacionales bajo la etiqueta de "autores" con un buen número de títulos que han obtenido el beneplácito de la critica pero que sin embargo cuentan con un público más limitado (nombres como los de Kim Ki-duk o Im Kwon-taek son fundamentales dentro de esta tendencia). Frente a ellos podemos encontrar una producción mucho más amplia, más difícil de delimitar, surgida como respuesta a las exigencias del público coreano y dando como resultado  un cine más cercano a los patrones comerciales aunque conservando un innegable sello de calidad. Incluso podemos distinguir algún que otro caso particular en el que confluyen ambas tendencias como sucede en el caso de  Park Chan-wook (Oldboy, JSA, Sympathy for Mr. Vengeance). Al no seguir el cine de autor unos patrones comunes centraremos el siguiente análisis fundamentalmente en la segunda de estas vías.
Analizando los caracteres propios del cine coreano, aquellos que lo alejan y lo diferencian de cualquier otro referente podemos destacar dos grandes rasgos definidores: la hibridación genérica por un lado, y el arraigo en el entorno coreano, por otro.

Considerando el primero de ellos, sorprende especialmente el atípico tratamiento de los géneros si atendemos a lo que estamos acostumbrados en la mayor parte de películas americanas o europeas actuales, pues aunque en éstas también se produce una cierta hibridación genérica en ningún caso ha sido llevado hasta los límites experimentados por el cine surcoreano, capaz de llevarnos de la risa al melodrama con una facilidad pasmosa (My sassy girl, 2001) o del thriller al retrato social (Memories of murder, 2003). Esta ruptura de los patrones clásicos parece conferir una nueva dimensión a las películas coreanas, una dimensión llamada a sorprender constantemente al espectador gracias a su caracter imprevisible frente a los acartonados patrones genéricos clásicos que dominan las producciones occidentales.
Los ejemplos de esta hibridación genérica son interminables por lo que hablar de géneros puros tal y como lo podemos entender en occidente resulta practicamente impensable siendo más fácil hablar de "nuevos géneros" a pesar de identificarlos con el mismo nombre que en occidente.
  
Dentro de la maraña cinematográfica, si hay un género por el que los espectadores coreanos sienten predilección ese es sin duda el melodrama, género abordado en los últimos años de forma insistente con maravillosos éxitos de taquilla y unos más controvertidos éxitos artísticos que van desde decepcionantes propuestas hasta títulos tan interesantes como Christmas in August (Hur Jin-ho, 1998), Il mare (Lee Hyun-seung, 2000) en la que el melodrama se mezcla con lo fantástico y del que Hollywood ya prepara un remake o la soberbia Oasis (Lee Chang-dong, 2002). Junto con el melodrama, adquiere especial relevancia la comedia romántica dentro de la que se forjó una de las películas de mayor éxito del cine surcoreano dirigida por Kwak Jae-young y protagonizada por las estrellas Jeon Ji-hyun y Chan Tae-hyun: My sassy girl (Yeopgijeogin geunyeo, 2001). Basada en una novela por entregas publicada en internet, esta película  inició la moda por las películas centradas en conflictos entre una mujer decidida y un hombre reprimido con títulos como My tutor friend (Kim Gyeong-rok, 2003). My sassy girl es hoy en día un título que goza de admiradores practicamente en todo el mundo gracias al mercado del dvd y del que, por supuesto, sus derechos han sido adquiridos de cara a un remake hollywoodiense cuyo estreno está previsto para el año 2006. Sin embargo, posiblemente sea dentro del thriller donde se hayan obtenido algunos de los resultados más satisfactorios ya sea al combinarlo con el retrato social (Memories of murder, 2003) o con el drama con tintes moralistas (Oldboy, 2004).

El segundo rasgo a destacar dentro del universo del cine de género surcoreano es su preocupación por retratar una sociedad actual, una sociedad con sus filias y sus fobias, sus grandezas y sus miserias, en definitiva, su propio entorno, de modo que el espectador pueda identificarse facilmente con el entorno en el que transcurre la trama. Las películas coreanas no buscan la evasión hacia realidades paralelas y cuando lo hacen no es más que a modo de metáfora de la propia sociedad coreana, es decir, de su realidad y de su propia idiosincracia, por lo que el conjunto de las producciones de este país asiático no deja de ser un acertado retrato de la Corea actual. Así ocurre en títulos tan dispares como A good lawyer wife (Im Sang-soo, 2003), Take care of my cat (Jeong Jae-Eun, 2001), la disparatada Save the green planet (Jang Jun-hwan, 2003) o algunos títulos del idolatrado Park Chan-wook como Joint Security Area o Sympathy for Mr. Vengeance.

Estos hechos, unidos a la buena preparación de los nuevos realizadores y técnicos, han terminado por crear las señas de identidad de una excelente industria que ha llegado a crear su propio star system a imagen del forjado en Hollywood o, en un ejemplo más cercano al coreano, en Hong Kong (con nombres tan célebres como Maggie Cheung, Tony Leung, Andy Lau, Jackie Chan, Anthony Wong o Sylvia Chang). Sin duda tener como referente a artistas locales es un reclamo más para atraer a las salas a unos espectadores ya de por sí entregados a su cine pero que además sienten una mayor admiración por nombres como Jeon Ji-hyun o  Chung Woo sung que por otros llegados desde la meca del cine.



Versión imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con el artículo